EUROPA

EUROPA
Aqui ando dando vueltas...

Viajes sin problemas, no son viajes.

‘’BRUSELAS’’ se veía como el mejor destino para volver a entrar a la Comunidad Europea, ya que, ese vuelo desde Atlanta era el más abierto.

Me fui de Chile. Esperé en Atlanta, me fui a Bélgica y al llegar a Bruselas feliz de la vida, el policía de inmigración me mira, mira mi pasaporte y me dice ‘’Usted conoce las reglas de la Comunidad Europea?’’ y yo super segura le respondí ‘’Claro, que no se puede superar una estancia de 3 meses’’. Y cuando me dijo: ‘’Si, en un período de 6 meses’’ me dejó loca. Yo sabía, estaba más que segura que tenía la razón. Y delicadamente calculó mis días dentro de Europa estos últimos meses.

Me pidió que siguiera a su compañera (o sea, otra policía). Y ahí fue cuando tuve que pasar por la puerta chica donde pasan muchos delincuentes y discriminados sin razón. Una sala de espera con máquinas fuera de servicio y asientos como los de cualquier sala de espera de consultorio.

Un asiático estaba dentro con cara de cansancio y nerviosismo. La policía me pidió que esperara junto a el. Para evitar conversa alguna, tomé mi libro y comencé a leer.

Después de unos 5 minutos que se hicieron eternos, un policía me llamó y tuve que entrar a la oficina del policía supervisor, quien me dio una especie de ULTIMATUM siendo bastante respetuoso y amoroso.

Me habló de una espera de 24 horas para ver si era aceptada por otra persona, etc etc etc.

Le pregunte si podía irme de inmediato y si podía usar su Internet para enlistarme en un vuelo que saldría en 45 minutos. Así que ahí figuraba yo, usando el computador de los policías de un aeropuerto. Me enlisté rápidamente. Entre ellos murmuraban palabras en holandés y uno que había pasado sus mejores momentos en La Habana insistía en hablar de cualquier cosa conmigo.

Me hicieron firmar un papel en flamenco. No me dejaron reclamar por una copia en español o inglés. Según ellos decía que yo aceptaba irme antes de un período de 24 horas. Firmé, tomé el avión y me fui. Una vez arriba del avión me concentré en lo que había pasado y me di cuenta de cómo me había controlado. Entre nerviosismo, impotencia y un enojo monumental por todo lo que perdería, me puse a llorar sola mirando por la ventanilla.

En Atlanta pasé dos días a la espera de mi mochila, la cual estaba perdida por no haber sido reclamada en Bruselas. Y al llegar al aeropuerto para embarcarme a Chile, me dicen que mi mochila tomó vida propia y siguió viajando todos estos días. Me fui nomás a Chile intentando asegurarme que mi mochila arribaría de todas maneras en Santiago. Eso pasó 3 días después de mi llegada.

La vuelta no fue tan mala. Lo pasé increíble. Me preocupé de averiguar si lo que me habían hecho estaba bien. Y a la conclusión que llegué es que los belgas son, sin perdonar la expresión, unos hijos de puta.

Lamentablemente me hicieron perder mucho y el cónsul belga en Chile me denigró a mi y a mi padre. Cosa que la embajada de Alemania no hizo.
En teoría fui deportada, pero no ilegal ni con papeles sucios, ni en la lista negra, ni nada. Entonces me pongo a pensar ¿cómo no me queda registro si lo que hice estaba mal?.

Me alegré con los amigos y los conciertos. Method Man y The Wailers. Uno de noche intimidante y risas. Y el otro de atardecer precioso en la montaña. Descubriendo el encanto de la naturaleza santiaguina.

Me tomé un avión, decidida a entrar en la comunidad nuevamente. Frankfurt era el destino esta vez. Llegué y el policía ni me habló, solo me timbró el pasaporte y me dijo ‘’Gutten Morgen’’ hahahaha. Mi mochila si llegó y el tren de Frankfurt a Köln solo 1 hora se demoró.

Pasé 3 días muy agradables en Köln con Stella saliendo a carretear y comiendo sushi y con Nadine tomando desayunos y comprando zapatillas. Finalmente, tomándome un tren con destino a Ginebra.

Llegué a Ginebra, pasé la noche y a la mañana siguiente me junté a desayunar con compañeros con los que compartí el curso de francés. Me tomé un tren con destino a Montpellier. Tenía que hacer aduana francesa y no sabía como serían. Me miraron el pasaporte y pasé.

CAMBIO EN MONTPELLIER. Y tren feliz con destino a Barcelona en el cual fue difícil dormir por el nerviosismo de lo que me esperaba. Y cuando logré dormir me despertó uno de los inspectores para pedirme mi ticket… y al mostrarle mi nombre, me miró y me dijo: ‘’pero que nombre más sevillano que tienes!’’. Y ahí ya faltaba cada vez menos.

En la estación de Barcelona me esperaba la Elo, que es la mujer de Jose Pedro, un amigo chileno. Llegué y ahí empezó mi nueva aventura, apenas me bajé del tren.