En Atlanta me estaba esperando un amigo de mi hermano para pasarle una maleta y a cambio el me pasaría una botella de mi ice tea favorito que solo existe en Estados Unidos. Arizona. (Aunque en Chile me dijeron que ya llegó a Chile).
Hice hora tomándome mi Arizona y luego a esperar para el vuelo. Finalmente logré subirme y no tan solo eso, me fui en Bussiness (lo cual fue una suerte increíble, ya que, el vuelo duraba alrededor de 11 horas). Se me pasaron las horas durmiendo, tomando, comiendo y conversando con una señora que se sentó a mi lado. Una gringa, hija de griegos (que raro já). Emily, buena pal’ copete y pa’ la conversa. Yo feliz de la vida, pero ella me la ganó, me quedé dormida con el vinito que tomé.
Al llegar a Atenas, el aeropuerto era un caos. ‘’Vacaciones en Europa, váyase a Grecia’’. Por suerte me encontré con la Susi y Stella que estaban haciendo la fila para el vuelo que nos teníamos que tomar a Preveza (donde nos encontraríamos con Marina, ella tiene casa ahí).
Mi vuelo a Preveza era un No-Confirmado-Stand by en Olympic Airlines y de pura suerte que tengo logré subirme a ese avión e irme con las chicas. El vuelo tenía capacidad para 40 personas. En fin, un vuelo cortísimo y agradable, con una llegada majestuosa de entrada por sobre el agua.
Marina nos esperaba en el aeropuerto con Pía (otra alemana que es polola del hermano de Marina. Yo había tenido la oportunidad de conocerla en Hamburgo, pero no de realmente ‘’conocerla’’. Es actriz y es lo más gracioso que hay. Jocosa. Jocosa). Marina arrendó un auto para que pudiéramos recorrer realmente los alrededores y así no quedarnos estancadas en la casa.
Para quienes no saben quien es Marina, es una de las mujeres más increíbles que he conocido. Es amiga de Stella y Susi, una griega pura. Helénica.
Sinceramente, para conocer Grecia, como tal… no me refiero con esto a recorrer 100% Atenas y conocer las lindas y paradisíacas islas. Me refiero a conocer la esencia del griego, cómo come, cómo baila, cómo celebra, cómo viven, etc. Lo mejor es hacerlo durmiendo en una casa de griegos (mejor aún si no hablan español y tu no hablas griego, pero si tienen un intermediario). Digo esto, ya que, en este viaje he aprendido lo que es, ‘’saber comunicar’’. A través del cuerpo, de las señales internas, de las vibras, de todo lo que significa no decir palabra alguna. Y pucha que es rico ver que personas son capaces de realmente comunicar.
En fin, bailé en una ronda griega. Tomé los cortitos típicos: Sambuca, OUZO y el que se suponía que era el más fuerte y me haría llorar ‘’Zipuro’’ (o algo así). No me hizo nada. De hecho, me tomaba 2 cortitos grandes al hilo (70º de alcohol) y no me pasaba nada. Logré comprender palabras. Entendía a la gente. Pegaba gritos cuando era necesario. Bailaba la Macarena para cada persona que me miraba con cara de ‘’Si tu nombre es tal, deberías saber el baile’’. Tomaba café frappe en la playa todos los días y por las noches un ‘’mocha’’ como les llaman los griegos a su café (que es también el café de los turcos, pero como ahí hay confrontaciones lo dejamos como el ‘’café mocha’’). Comí pescado, pulpo, calamares, camarones, sardinas, ensalada griega, aceitunas por montones, feta, espinacas, berenjenas, souvlaki (a pesar de que no como carne, pero lo hice por mi hermano), etc etc etc.
Me convertí en una griega por 12 días. Me sentía parte del lugar. No sé si era gracias a la gente o a que realmente hay algo similar entre un chileno y un griego.
Bailé a lo odalisca, me bañé en aguas turquesas todos los días. No hubo un solo día en que yo no me metiera por completo al mar. No usé zapatillas ningún día… ¿por qué?... por que durante el día es tiempo de playa y durante la noche es tiempo de fiesta. Y las mujeres y hombres se emperifollan para cada ocasión, por muy simple que sea. Íbamos a comprar en la tarde, arregladas. Íbamos a tomar un café, arregladas. Salíamos a bailar, arregladas. Era algo que me gustaba y no me molestaba, ya que, todos eran así. No era una obligación ni nadie te miraría feo por no hacerlo. Pero ahí era el momento de sentirse guapa e importante todo el tiempo sin la necesidad de que hubiera un matrimonio o un evento de alfombra roja.
No hay más palabras para explicar lo rico que fue haber estado en ese lugar.
Luego, se acabaron los días y había que volver a Alemania. Nos fuimos con Susi y Stella en un taxi desde Preveza a Atenas durante la noche del sábado (ya que, ellas viajaban el domingo a eso de las 10 am. Mi viaje era el mismo, pero el día lunes. Como no quería viajar sola a Atenas me fui y decidí arreglármelas ahí). Llegamos, hice hora, metí mis maletas a los lockers por 12 horas. Compre un ticket de tren y me fui a la ciudad.
Recorrí Atenas, conocí lugares que solo había conocido a través de mi profesora de Historia del Teatro. La Acrópolis es sencillamente algo que hace que se te paren los pelos. Caminé, me asombré con todo lo que vi. Seguí caminando, tomé fotos. Paré, me comí mi última ensalada griega, mi último zatsiki y me tomé mi último mocha. Caminé un poco más y me fui al aeropuerto.
Esperé, comí. Tomé mis cosas y me puse a hacer hora.
El aeropuerto pasó lleno toda la noche, así que no me sentí tan desolada. Y de un momento a otro me encontraba pasando mis horas con un italiano que decidió pasar sus horas conmigo. Una historia un tanto extraña, pero con un final de ‘’continuará…’’ o algo así. Nada pasó, solo su intento por ser un galán italiano fue algo que haría sentir bien a cualquier mujer. Entre cafés, cigarros y conversaciones en español, italiano e inglés nos pasamos toda la noche. Caminando por el aeropuerto para que el poto no terminara cuadrado. Con un ‘’hasta pronto’’ nos despedimos cuando le tocó la hora de tomar su avión. Yo hice un poco más de tiempo, tomé desayuno y fui a tomar mi avión.
Adiós Hellas, pronto volveré.
Hice hora tomándome mi Arizona y luego a esperar para el vuelo. Finalmente logré subirme y no tan solo eso, me fui en Bussiness (lo cual fue una suerte increíble, ya que, el vuelo duraba alrededor de 11 horas). Se me pasaron las horas durmiendo, tomando, comiendo y conversando con una señora que se sentó a mi lado. Una gringa, hija de griegos (que raro já). Emily, buena pal’ copete y pa’ la conversa. Yo feliz de la vida, pero ella me la ganó, me quedé dormida con el vinito que tomé.
Al llegar a Atenas, el aeropuerto era un caos. ‘’Vacaciones en Europa, váyase a Grecia’’. Por suerte me encontré con la Susi y Stella que estaban haciendo la fila para el vuelo que nos teníamos que tomar a Preveza (donde nos encontraríamos con Marina, ella tiene casa ahí).
Mi vuelo a Preveza era un No-Confirmado-Stand by en Olympic Airlines y de pura suerte que tengo logré subirme a ese avión e irme con las chicas. El vuelo tenía capacidad para 40 personas. En fin, un vuelo cortísimo y agradable, con una llegada majestuosa de entrada por sobre el agua.
Marina nos esperaba en el aeropuerto con Pía (otra alemana que es polola del hermano de Marina. Yo había tenido la oportunidad de conocerla en Hamburgo, pero no de realmente ‘’conocerla’’. Es actriz y es lo más gracioso que hay. Jocosa. Jocosa). Marina arrendó un auto para que pudiéramos recorrer realmente los alrededores y así no quedarnos estancadas en la casa.
Para quienes no saben quien es Marina, es una de las mujeres más increíbles que he conocido. Es amiga de Stella y Susi, una griega pura. Helénica.
Sinceramente, para conocer Grecia, como tal… no me refiero con esto a recorrer 100% Atenas y conocer las lindas y paradisíacas islas. Me refiero a conocer la esencia del griego, cómo come, cómo baila, cómo celebra, cómo viven, etc. Lo mejor es hacerlo durmiendo en una casa de griegos (mejor aún si no hablan español y tu no hablas griego, pero si tienen un intermediario). Digo esto, ya que, en este viaje he aprendido lo que es, ‘’saber comunicar’’. A través del cuerpo, de las señales internas, de las vibras, de todo lo que significa no decir palabra alguna. Y pucha que es rico ver que personas son capaces de realmente comunicar.
En fin, bailé en una ronda griega. Tomé los cortitos típicos: Sambuca, OUZO y el que se suponía que era el más fuerte y me haría llorar ‘’Zipuro’’ (o algo así). No me hizo nada. De hecho, me tomaba 2 cortitos grandes al hilo (70º de alcohol) y no me pasaba nada. Logré comprender palabras. Entendía a la gente. Pegaba gritos cuando era necesario. Bailaba la Macarena para cada persona que me miraba con cara de ‘’Si tu nombre es tal, deberías saber el baile’’. Tomaba café frappe en la playa todos los días y por las noches un ‘’mocha’’ como les llaman los griegos a su café (que es también el café de los turcos, pero como ahí hay confrontaciones lo dejamos como el ‘’café mocha’’). Comí pescado, pulpo, calamares, camarones, sardinas, ensalada griega, aceitunas por montones, feta, espinacas, berenjenas, souvlaki (a pesar de que no como carne, pero lo hice por mi hermano), etc etc etc.
Me convertí en una griega por 12 días. Me sentía parte del lugar. No sé si era gracias a la gente o a que realmente hay algo similar entre un chileno y un griego.
Bailé a lo odalisca, me bañé en aguas turquesas todos los días. No hubo un solo día en que yo no me metiera por completo al mar. No usé zapatillas ningún día… ¿por qué?... por que durante el día es tiempo de playa y durante la noche es tiempo de fiesta. Y las mujeres y hombres se emperifollan para cada ocasión, por muy simple que sea. Íbamos a comprar en la tarde, arregladas. Íbamos a tomar un café, arregladas. Salíamos a bailar, arregladas. Era algo que me gustaba y no me molestaba, ya que, todos eran así. No era una obligación ni nadie te miraría feo por no hacerlo. Pero ahí era el momento de sentirse guapa e importante todo el tiempo sin la necesidad de que hubiera un matrimonio o un evento de alfombra roja.
No hay más palabras para explicar lo rico que fue haber estado en ese lugar.
Luego, se acabaron los días y había que volver a Alemania. Nos fuimos con Susi y Stella en un taxi desde Preveza a Atenas durante la noche del sábado (ya que, ellas viajaban el domingo a eso de las 10 am. Mi viaje era el mismo, pero el día lunes. Como no quería viajar sola a Atenas me fui y decidí arreglármelas ahí). Llegamos, hice hora, metí mis maletas a los lockers por 12 horas. Compre un ticket de tren y me fui a la ciudad.
Recorrí Atenas, conocí lugares que solo había conocido a través de mi profesora de Historia del Teatro. La Acrópolis es sencillamente algo que hace que se te paren los pelos. Caminé, me asombré con todo lo que vi. Seguí caminando, tomé fotos. Paré, me comí mi última ensalada griega, mi último zatsiki y me tomé mi último mocha. Caminé un poco más y me fui al aeropuerto.
Esperé, comí. Tomé mis cosas y me puse a hacer hora.
El aeropuerto pasó lleno toda la noche, así que no me sentí tan desolada. Y de un momento a otro me encontraba pasando mis horas con un italiano que decidió pasar sus horas conmigo. Una historia un tanto extraña, pero con un final de ‘’continuará…’’ o algo así. Nada pasó, solo su intento por ser un galán italiano fue algo que haría sentir bien a cualquier mujer. Entre cafés, cigarros y conversaciones en español, italiano e inglés nos pasamos toda la noche. Caminando por el aeropuerto para que el poto no terminara cuadrado. Con un ‘’hasta pronto’’ nos despedimos cuando le tocó la hora de tomar su avión. Yo hice un poco más de tiempo, tomé desayuno y fui a tomar mi avión.
Adiós Hellas, pronto volveré.
-en el próximo post subiré las fotos de Grecia, se merecen un trato especial-